jueves, 10 de diciembre de 2009

Que las manzanas no huelen...

Cuando era chico, las cosas olian distinto, con más intensidad. La lluvia, la tierra mojada, el pasto, las manzanas, los pisos encerados, el mar...
Recuerdo que durante unos meses pude sentir el perfume más lindo de mi vida: el de mi primera novia. Misteriosamente, un día, deje de sentirlo y ya no volvió jamás. Recuerdo que íntimamente me enojé con ella, como si hubiese sido su culpa...
También los colores se fueron haciendo distintos, al igual que los sabores. Todo parece haberse ido ocultando tras una fina gasa que va suavizando las sensaciones...
La puta! Estaré enfermo?

3 comentarios:

  1. Ja, ja, ja creo que hace mucho no me paso por aquí... y me ha hecho gracia tu comentario. No, no creo que estés enfermo porque a muchos de nosotros nos sucede. Quizá la pérdida de inocencia se lleva consigo también esos pequeños detallitos que te alegran la vida, o que cuando menos la hacen más interesante. Es como si, en vez de desaparecer -el perfume-, te hubieras acostumbrado tanto a él que no lo sientes.

    Un beso.

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