lunes, 27 de junio de 2011

Verídico

Pasó el otro día.

Vino la vida, me miró fijo a los ojos, y agarrándome de las pelotas me preguntó: "Y????"

Y acá estoy, tratando de contestarle.

Algo se me va a ocurrir...

viernes, 17 de junio de 2011

Problemas genéricos

Mis problemas con el género femenino crecen y se globalizan. Ya no tengo problemas con UNA mujer, y empiezo a pensar genéricamente (en términos de género).

Me pregunto: según la teoría de la reencarnación (¿está bien llamarla teoría?), un alma puede reencarnarse en seres más o menos elevados, de acuerdo al karma que generó en su vida.

Entonces, simplificando, la Madre Teresa reencarnará en un ser aún más elevado y Berlusconi será una comadreja.

Ahora bien, los grandes maestros enseñan sobre todo el desapego: uno sigue en la rueda hasta que entiende que Uno es Todo, que Uno es Dios, y entonces se libera (las mayúsculas son inevitables). Cuanto más apegado a este mundo, más lejos de la puerta.

Entiendo que la mujer, tan ligada al cuidado de los hijos y tan bien equipada para esa tarea, resulta menos favorecida que el hombre para llegar al desapego que predican los grandes maestros.

Buda pudo dejar su vida mundana, su familia y sus posesiones para buscar la iluminación, porque estaba su mujer para cuidarle los pibes. Si hubiese sido viudo y hubiese abandonado a sus hijos, difícilmente alguien lo veneraría. 

Esto también rige para casos más mundanos: detrás de todo gran científico, dictador, explorador, artista o astronauta, debe haber alguien que le planche las camisas y le cuide los pibes, para que él pueda salir al mundo; ya sea para hacer grandes cosas o grandes cagadas.

Concluyo: el género femenino, en términos generales, está naturalmente más abocado a las tareas mundanas y por lo tanto más lejos de la iluminación.

(Y yo soy bastante jodido!)

martes, 14 de junio de 2011

Los elegidos de los dioses...

Hay quienes sostienen que estamos en esta vida para aprender algo. ¿Y yo cómo puedo saberlo? Sin embargo hay gente que asegura que es así (en este mundo, inevitablemente, todos aseguramos algo).

Pero supongamos que sea así. Supongamos que uno viene a aprender algo. Entonces lo aprende y se va. ¿Adonde? Siguiendo la línea de razonamiento, supongo que a otro lado a aprender otra cosa. ¿O tal vez vuelva a la tierra, a aprender algo distinto cada vez?

Ahora bien, si la vida es un colegio, es un colegio bastante raro: cada uno viene a aprender algo distinto y no queda muy claro quienes son los maestros (no hay maestros, me dirán seguramente). Cuando uno aprende lo que vino a aprender, ¿se muere o sigue viviendo un tiempito más? ¿Cuánto tiempo? ¿Uno se da cuenta que ya lo aprendió, o sigue buscando como un salame?

¿La gente que muere joven es la que ya aprendió? ¿Los viejos son los más lerdos de la clase? ¿Se puede recursar la vida?

Supongo que uno no vendrá al mundo para aprender cosas como Mecánica Cuántica o Corte y Confección, sino para aprender desapego, humildad, bondad y cosas por el estilo. Si yo vine a aprender humildad, pero aprendí bondad, ¿me dan Bondad por aprobada o tengo que cursarla igual?

No quiero ser irónico, es que me resulta muy importante saber qué estoy haciendo acá (si es que en verdad estoy haciendo algo), y no termino de entenderlo.

sábado, 11 de junio de 2011

Vergonzoso

Juro que no es más que una pruebita.

En fin, la gente de Pixar puede estar tranquila.

video

miércoles, 8 de junio de 2011

Metas y objetivos para el próximo ejercicio:

Hay momentos, situaciones, que nos reducen a nuestra mínima expresión. En esos momentos hay que tratar de concentrarse en las pequeñas cosas, como por ejemplo, respirar.

lunes, 6 de junio de 2011

Tres verdades

. Cuanto más ridículo es uno, más en serio se toma a sí mismo.

. Uno no puede aspirar a tener la razón siempre, pero sí puede aspirar a tener siempre buenos razonamientos. Los buenos razonamientos no te garantizan la razón; pero incrementan las probabilidades de que la tengas.

. Necesitar algo, desearlo o merecerlo, no incrementa las probabilidades de conseguirlo.

Olé!

viernes, 3 de junio de 2011

?

Macabro.
Sin sentido.
Triste y enojado.
Decidido  y asustado.
Terminado.
Así estoy yo sin ti.

Macabro y enojado.
Triste y sin sentido.
Decidido y asustado.
Terminado.
Así estoy yo contigo.
Pero al menos, acompañado.

miércoles, 1 de junio de 2011

La teología en los tiempos del cólera

La mente humana sólo sabe manejarse con opuestos. Inadvertidamente, cada vez que internalizamos un concepto, hacemos lo propio con su opuesto. Uno aprende, al mismo tiempo, el bien y el mal, lo hermoso y lo feo, lo grande y lo chico, el placer y el dolor. En nuestra mente no puede existir uno de estos conceptos sin su opuesto; y es que en el fondo, cada concepto se define, o se termina de definir con su opuesto. Por eso, por ejemplo, uno no puede modificar su concepción del bien sin cambiar, al mismo tiempo, su concepción del mal.

Otro hecho a destacar es que, en cada caso, esos opuestos son móviles: entre santos, tener un mal pensamiento es una falta terrible; entre los asesinos, matar limpiamente es un hecho ponderable. Si la mitad de todos los habitantes del mundo tuvieran un millon de dólares, y la otra mitad tuviera un millón más uno, la primera mitad sería considerada pobre.

Es por eso que, al momento de inventar el cielo, hicimos lo propio con el infierno. No tiene sentido imaginar qué se pensó primero, porque no se puede concebir a uno sin el otro. Y por esta condición de gemelos que incondicionalmente presentan los conceptos, no pudimos imaginar al infierno simplemente como la ausencia de lo "bueno", tuvimos que poblarlo de lo "malo". 

Es extraño, por todo lo antedicho, que al momento de imaginar al diablo no lo hubiésemos pensado exactamente como lo opuesto a Dios.

Dios es hombre. El diablo debía ser mujer.
Cristo es hombre. El anticristo debería ser mujer.

He visto muchas películas sobre el diablo, y unas cuantas sobre el anticristo. En todas aparecían como hombres.

Dicen que el mayor éxito del diablo es hacernos creer que no existe. Tal vez su segundo mayor éxito sea hacernos creer que es hombre.

Ojo al piojo, diablo: te estoy sacando la ficha...