Tensión que comienza,
tensión que se acumula,
tensión que se descarga.
Una fórmula tan vieja como el arte mismo.
El tipo va sentado en el asiento del acompañante.
La mina, con una personalidad un tanto border, va al volante.
Uno empieza a percibir el nerviosismo del tipo.
La velocidad sube, las maniobras se vuelven más imprudentes...
Uno, de repente nota que la música ha ido creciendo y haciéndose frenética.
Uno ya presiente el desenlace.
Uno ya está pidiendo un desenlace, y es la única forma de liberar esa tensión que ya empieza a resultar molesta.
Cualquier desenlace.
Buenos Aires,
en el año de la cuarentena.

