lunes, 14 de septiembre de 2009

Propaganda


Ya van varias veces que veo una propaganda que te muestra una piba mirando una película romántica (visiblemente emocionada y disfrutando) mientras se escucha la crítica de un periodista que dice que la película es obvia, barata y aburrida. El epílogo dice algo así como: "Necesitamos menos críticos. Necesitamos disfrutar más."

Como me suele suceder, no tengo idea de qué cosa tratan de vender, lo cual significa que como publicidad no es muy efectiva (al menos en mi caso). Sin embargo, más allá de esto, el mensaje está piola.

Criticar es fácil, más fácil que disfrutar. Conzco mucha gente que defiende a los gritos su visión, sus gustos, sus creencias y sus costumbres; y no entiendo como esa gente compagina su infelicidad diaria con su postura de "la tengo clara".

Para mi, tenerla clara significa obtener resultados. Alguien que "sabe" debiera ser felíz, debiera ser exitoso en lo que emprende. Es lamentable la visión del adolescente que se siente piola y defiende su visión, pero tiene más problemas que protagonista de teleteatro.

Ese adolescente somos todos en mayor o menor medida. Ayer estuve con un tipo macanudo, pero medio cristalizado en su papel de tipo piola, que se las sabe todas. Debe ser fácil ser así, la prueba está en la cantidad de gente con esa misma actitud; pero también es fácil criticarlos.

Imagino que la única credencial que lo habilitaría a uno criticar a los demás legítimamente es la propia felicidad, y sospecho que uno critica menos cuando es felíz.

O sea: Critiquemos menos. Disfrutemos más.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Comentario de viejo choto

Siempre me molestaron los "vendedores de escuelas", sin embargo no puedo evitar pensar que la educación es importante.
La educación siempre tiene un contenido y excluye otros. Siempre refuerza unos valores en desmedro de otros. Siempre es política.
Cuando decimos de una persona que "es educada", qué queremos decir? Probablemente que habla correctamente, que pide por favor y da las gracias, que se dirige a los demás en forma respetuosa, que sabe comer sin hacer ruidos extraños ni exhibir comida a medio masticar.
Es bien sabido que la educación en nuestro país está cada vez más desvalorizada, pero yo creo que habría que agregar un par de materias que enseñen a los pibes a ser educados y respetuosos de los demás. Y que refuerce el concepto de que una sociedad formada por gente gente educada y respetuosa genera una mejor calidad de vida y que eso nos beneficiaría a todos.
¿Por qué en los colegios no hay materias que enseñen a ser buenos, educados, respetuosos, responsables, etc.? ¿Por qué nadie le explica a los chicos que ser así nos beneficiaría a todos y haria de el mundo un lugar mucho más habitable?

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Extasis

La miré casi jadenado. Difícilmente podía contener mi exitación: ahi estaba, por fin, toda para mi. Miré a mi amigo, preguntándole con la mirada si estaba seguro, si no le molestaba. Su mirada fue una invitación que no pude rechazar. Sabiendo lo que él la quería, no podía creer que quisiera compartirla conmigo.
Miré largamente cada curva, cada detalle, anticipando el contacto. Antes de empezar, di una vuelta alrededor suyo muy lentamente, tratando de captar toda su perfección.
Estiré la mano y la toqué, y el estremecimiento fue visible. No era delicada sino casi salvaje, y yo estaba decidido a desatar toda su fiereza a la primera vez. No iba a tener contemplación con ella, sabia que con ella eso no sería necesario.
Su presencia llenaba todo el cuarto. Lentamente me fui acercando por detrás y casi de un salto me puse sobre ella. Sentí de golpe la firmeza y suavidad que esperaba y acaricié largamente cada curva al alcance de mis manos.
Afirmé los pies al piso y empujé con fuerza. Una vez. Dos veces. Tres veces. De inmediato comenzó a ronronear como un gato. Tenia el tanque lleno, así que salí a probarla por el barrio. La puta! Qué linda moto!

Cuántos kilos de pan compro con esto?

La derivada de una función es igual a la recíproca aritmética de la derivada de su función inversa.

martes, 8 de septiembre de 2009

No pegues los mocos bajo la mesa

Una vuelta más de rosca: Si el respeto no puede venir de afuera, debe venir de adentro. Quiero decir que el respeto más importante del que uno puede gozar es el respeto a uno mismo. Ese es el único imprescindible y la clave es poder mantenerlo aún en situaciones poco glamorosas, que son casi las únicas que nos tocan vivir a diario.
Siempre me pregunté algo sobre la gente que uno admira por una u otra cosa: la gente más top que uno pueda imaginar caga, transpira, moquea, etc. Uno puede imaginarse a la persona más fina y etérea (esas personas que son hermosas y armoniosas hasta cuando están recién levantadas y crudas), atravesando dignamente situaciones que a nosotros nos resultan imposibles de remar.
Quiero decir, sólo con actitud podés salir airoso de un error, de una flaqueza, de un ataque de pánico, de una traición, de una enfermedad, de una goleada, de la estupidez y hasta de la fealdad, pero por Dios, no pegues los mocos debajo de la mesa!

lunes, 7 de septiembre de 2009

Tratame bien!

Yo siento que no se me respeta. No. No se me respeta.

Cuál es la actitud correcta en esos casos? Se me ocurre que la primera es, evidentemente, reclamar respeto. Esto debiera hacerse respetuosamente, porque si el respeto se pierde de ambos lados el reclamo se torna inevitablemente estéril.

Ahora bien, cuando esto no funciona, qúe se debe hacer?

El seguir reclamando respeto respetuosamente puede transformarlo a uno en un personaje patético. Reclamar respeto es como reclamar amor. Nadie ama a otro por más que el otro se lo reclame cada 5 segundos. El amor -y el respeto- se deberían ganar.

Llegamos al punto: cómo se gana el respeto? Imagino que uno deberia asumir actitudes respetables. Es probable que no haya muchas actitudes universalmente entendidas como respetables -el tipo que se desloma laburando nunca se ganará el respeto de alquien que piensa que el que labura es un gil-, entonces, mi conclusión:

1. Si uno tiene una conducta que -lo más objetivamente posible- le resulta respetable, pero no consigue ser respetado.
2. Si como consecuencia de la falta de respeto uno lo reclama -con cierto respeto-
3. Si los reiterados reclamos no generan cambios:
4. Es evidente que uno está regando una piedra y, para fines prácticos, podría darle mejor uso a sus esfuerzos.

Todo bien, pero esta conclusión no me sirve. Voy a tener que seguir pensando...

Confesión


Cuando uno no sabe qué decir, dice con el cuerpo.

O sea: grita, gesticula exageradamente, pega, se pega, se enferma, engorda, adelgaza, etc.

Últimamente estoy gritando mucho, y cuando grito no puedo pensar. Si no pienso, nunca voy a saber qué decir. Si no se qué decir, voy a seguir gritando.

Mejor me compro pastillas para la garganta.

viernes, 4 de septiembre de 2009

¿Si simplifico es que soy simple?

Puede que me equivoque, pero entiendo que nuestra actual obsesión por convencer a los demás es algo relativamente reciente. En la antiqüedad los imperios se expandían pero en general respetaban el idioma, la religión y las costumbres de los conquistados.
Considero que esta fiebre nació en Grecia junto con la Democracia: el tipo sigue queriendo mandar, pero como no puede hacerlo por la fuerza no le queda otra que tratar de convencer a los otros.
Los judíos no trataban de convencer a todo el mundo de que su religión era mejor, simplemente se consideraban (supongo que aún lo hacen) el pueblo elegido y se contentaban con eso. Pero esa realidad, mezclada con las ideas griegas generó el Cristianismo como lo conocemos: una religión apostólica. O sea, una religión que trata de ganar adeptos.
Este espíritu "democrático" se ha impuesto de tal forma que, llevado a la escala individual, nos convierte a todos en políticos en campaña: nos pasamos todo el tiempo tratando de "vendernos" a los otros, que es la manera civilizada de querer imponernos a los otros. No nos importan las verdades de los otros, porque nuestro objetivo no es llegar a la verdad sino imponer la nuestra a cualquier precio.
Pensemos en los políticos, tan ocupados constantemente en imponerse "convenciendo" que no tienen tiempo para otra cosa, y veremos un reflejo bastante aproximado de aquello en lo que nos hemos convertido.
Lo parío!

jueves, 3 de septiembre de 2009

La felicidad y otras tonterias...


Uno de los peores inventos logrados por la humanidad en todos los tiempos es el concepto actual de felicidad.

En la antigüedad, un tipo era campesino en un pueblito de mala muerte. Si tenía suerte se casaba con una mina como él y toda la vida yugaban de sol a sol para asegurarse el sustento, no siempre con éxito. El tipo se sabía ignorante de lo que sucedía más allá de su aldea y no pretendía más que lo básico. Y cuando lo conseguía se consideraba dichoso. La vida era simple y las alegrías y tristezas tenían relación directa con la gente: la cosecha era buena y habría comida, venía una plaga y la vida se hacía dura.

Hoy la vida se ha hecho demasiado compleja para que nosotros, que somos generalmente más tontos y vagos de lo que nos gusta pensar, la podamos entender.

Parece que el mundo ofrece cada vez más cosas imprescindibles, y uno ya no se compara con el vecino sino con los referentes mediáticos. Entonces, la piba más linda del pueblo pasa a ser un escracho comparada con las modelos que pueblan la pantalla; y no puedo evitar sentir que me estoy perdiendo la fiesta si mi celular no tiene gps o alguna otra huevada.

Las escuelas y los hogares cada vez forman menos y ese rol lo ha ido tomando la televisión y, más recientemente internet. Y cuando los valores los transmite -o sea, los crea- gente que nos ve como clientes la cosa se complica. Para estar bien siempre hay que consumir algo, ya sea agua mineral saborizada, algún trago energético, un yogur cada día, una crema milagrosa o cualquier tontería que lleve batería (si es de ion-litio mejor).

En este contexto y sometidos a un constante bombardeo destinado a crearnos nuevas necesidades, la felicidad parece algo cada vez más tonto e inalcanzable y la frustración inevitable.

Ahora los dejo, porque tengo que bajarle unos fondos nuevos a mi ipod touch, que está re-bueno!


martes, 1 de septiembre de 2009

A ver quién es el que la tiene más grande

Muchas, muchas, muchas veces me pasa lo mismo.

Frente a cualquier conflicto se me presentan dos salidas:
1. Prevalece el orgullo y el placer del momento: te mando al carajo.
2. Prevalece la razón y el sentido común: trato de solucionar el problema.

Normalmente aplico la segunda, pero siempre me queda la duda. Y creo que cada tanto TENGO que mandar a alguien a la mierda, sólo para desahogarme y sentir que no estoy atado a la lógica y al sentido común. Sucede que, en algunas relaciones, uno puede quedar cristalizado en el rol del "sensato" y eso, como todo lo altamente previsible, se transforma en una debilidad.
Es tan importante la capacidad de sorprenderse como la de sorprender.
Ya lo sé. La única batalla ganada es la que no se pelea. El único que gana es el que convierte al enemigo en aliado. Un hombre tiene el tamaño de lo que lo molesta. Bla bla bla.
Pero cada tanto hay que pegar unos cuetazos, porque sino se te moja la pólvora y cuando te toman el tiempo ya te pusieron en otro lugar. Hay gente que sabe que uno es razonable, y entonces se puede dar el lujo de no serlo. Cada tanto no queda otro remedio que jugar el viejo juego de ver quién la tiene más grande.

lunes, 31 de agosto de 2009

Otra teoría ridícula


La vida no te gana de una, primero te cansa.

El mundo no puede nada contra una persona enterita, entonces te empieza a pegar. A veces te da un mazazo, a veces te pega despacio y te pensás que no duele tanto. Pero a la corta o a la larga te quiebra.

De a ratos te deja en paz, y entonces parece que todo pasó; pero siempre vuelve con el castigo y te va venciendo la voluntad. Llega un momento en que te tiene agotado, cansado de esquivar y desesperanzado, convencido de que al final no podés ganar. Ahí colgás los guantes.


Pero mientras tanto...


Balance del último trimestre del año


Tengo la vida hecha un quilombo.
Por el momento no se me ocurre nada que la vuelva a encausar, así que simplemente voy a esperar a ver si la suerte me sonríe. Hasta ahora se me caga de risa.

Por supuesto, no soy lo bastante tarado como para pensar que depende de la suerte, se que depende de mi -o sea, estoy cagado-. Tengo las cartas en la mano, pero lo único que puedo hacer ahora es mirarlas y pensar... qué cartas de mierda!

Siempre que llovió, paró.

No hay mal que por bien no venga y al que amanece Dios lo ayuda.

Pero por ahora, llueve y Dios está viendo otro canal.

viernes, 28 de agosto de 2009

Grandes verdades

La mano que mece la cuna
es la mano que domina al mundo
-y usualmente el control remoto-

Vida perra

La vida es perra porque la gente es perra, pero la gente lo sabe?
El tipo que hoy a la mañana me tiró el auto encima y casi me pisa, sabe que es un hijo de puta? El flaco que en el quiosco se hacía el boludo y no me atendía, sabe que es un sorete? La mina con la que laburo y no labura, sabe que es un parásito?
Por cada hijo de puta profesional hay 50 pelotudos que se portan como hijos de puta por ignorantes, por cagones, por resentidos o por mezquinos. Y esos son los que más joden.
Buscá el mayor hijo de puta que se te pueda ocurrir a nivel mundial. Un hijo de puta con poder e inteligencia, un tipo realmente peligroso. ¿Ya lo encontraste? Ese tipo te jode menos que el pelotudo del portero, del colectivero, del taxista, del peatón o el automovilista, te jode menos que el chorrito que te afana 10 pesos o que el forro que encuentra tu celular y se lo queda. Te jode menos que el mozo o el empleadito forro que te atienden mal de puro resentidos.
¿Tu jefe te jode? Seguramente te joden más tus compañeros y lo peor es que no ganan nada con eso. La gente está tan pendiente de que no la cague el de al lado que por las dudas termina cagando al que tiene a mano.
El hijo de puta aficionado no tiene recursos para cagar a nadie a lo grande, entonces lo compensa cagando a todos los que puede en boludeces; y lo peor es que no se da cuenta. Es el que te toca bocina cuando el semáforo está por cambiar, el que te atiende con cara de culo porque no quiere laburar, el que está pendiente de lo que hacés para criticarte, el que no entiende nada de nada pero se la pasa opinando sobre todo como si fuese un experto.
Alguien dijo que no hay nada más peligroso que un pelotudo. Porque un hijo de puta inteligente te va a cagar si es necesario, pero un pelotudo te va a cagar sólo por sentirse importante.
El pelotudo siente que merece más que lo que tiene, siente que los que tienen más no se lo merecen, siente que lo cagaron muchas veces y está siempre esperando la revancha. No está dispuesto a pagar el precio de nada, porque siente que ya pagó lo suficiente o que es especial (¿?) y tiene derecho a lo que sea. Por eso es desagradecido y maleducado. Por eso siente que cuando pide por favor o da las gracias se está rebajando.

Metáfora podrida

La vida es un enorme jardín.










Lleno de hortigas, mosquitos, sapos, serpientes, hormigas y arañas.