Uno se despierta en un ómnibus. Aparentemente, uno de larga distancia.
El atolondramiento que acompaña al despertar lo tiene confundido, mira a los lados para tratar de entender. Cómo llegó ahí? Hacia donde se dirige? Quién es toda esa gente que lo rodea?
Pasan los minutos, pero la desorientación no pasa. Se trata de un camino de montaña y cada pocos minutos atraviesa un túnel. Y cada vez, todos los pasajeros gritan.
El micro pasa por otro túnel. Uno mira aturdido tratando de entender. Unos señores a la derecha nos miran con cara de extrañeza e intercambian gestos de desaprobación al ver que nosotros no gritamos...
Nota mental: la próxima vez, nosotros también gritaremos.
