domingo, 27 de marzo de 2011

Piqui Lú

Se supone que todos buscamos la felicidad, pero fieles a nuestra escencia, buscamos obstinadamente una felicidad nebulosa que rara vez podemos precisar. Somos participantes de una carrera, y empezamos a correr antes de poder enterarnos de donde queda la meta. Quien viera el espectáculo desde afuera se asombraría de este show de autitos chocadores que representamos con tanta seriedad.

Entre tanta gente buscando en los lugares más dispares, es de esperar que alguno -aunque sea por casualidad- encuentre la felicidad. No es seguro que sepa reconocerla.

Para mi, la única felicidad posible en estas fechas, está en la mirada de mi hija. No hablo de la alegría, que está en muchas partes, hablo de la felicidad. Tal vez el tiempo, y la vida, y los otros, le enturbien la mirada, tal vez finalmente la gane el rencor o la vanidad o la envidia. Tal vez aunque eso pase yo no lo note nunca. Tal vez por eso mi vieja me mira con el mismo amor con que yo miro hoy a mi hija, del mismo modo en que me miraba mi viejo.

Si esa misma felicidad a prueba de balas es posible tenerla con una mujer, es algo que yo nunca sabré. Pero si es posible, si realmente es posible, me cago en la puta madre que me parió, me habré perdido la experiencia más hermosa que se pueda imaginar.

Pero no, me parece que no.

lunes, 21 de marzo de 2011

El segundo pecado capital

Según una teoría que acabo de elaborar, el ser humano necesita una mínima cuota de satisfacción en su vida. Esa satisfacción, felicidad o alegría, debe superar un umbral mínimo para hacer su vida tolerable. Hasta acá no dije nada nuevo. Lo novedoso de mi teoría es que postula la existencia de un umbral máximo de satisfacción, el cual no podría superarse.

Algunos hechos indican que el mecanismo regulador implicado en este equilibrio sería meramente interno, mientras que otros indicarían la existencia de un determinismo mucho más abarcador. Esta última posibilidad resulta bastante perturbadora, ya que sus implicaciones rozarían lo místico.

El hecho es que, de una forma u otra, habría una cota máxima de satisfacción (nótese mi reticencia al uso de la palabra "felicidad") que no podríamos superar.

Eso explicaría por qué las palabras rico, bello, joven, inteligente, etc. no son sinónimos de feliz. También explicaría por qué tanto viejo con plata y esposa joven luce cornamenta (aunque tal vez haya otros motivos que no vienen al caso). 

En varios pueblos de la antigüedad, los padres solían denostar a sus hijos recién nacidos para no tentar la cólera de los dioses, porque indirectamente sabían que todo tiende al equilibrio: un hijo particularmente sano y hermoso equivalía a una sequía o a una peste. Esa clase de sabiduría se ha perdido.

Sabiendo esto, propongo que con esta ley natural en mente, nos dediquemos a perfilar nuestra vida ahorrando dicha en algunas áreas para no acarrear desdichas en las otras. Si tu novio es lindo y tiene plata, agarrate el dedo con una puerta; si a tus hijos les va muy bien en el colegio, choca el auto contra un poste; si te va muy bien económicamente, decime como mierda haces (no, mentira).

Es bien sabido que la codicia acarrea desgracias, la codicia de felicidad no es la excepción. Esta no es una ley moral: no importa que uno busque la felicidad ayudando a los demás, esa felicidad se paga. (lean la vida de cualquier santo y verán el precio que se paga incluso por ser demasiado bueno)


viernes, 18 de marzo de 2011

Baboso no: científico

Hace poco leí una nota sobre determinados estudios realizados hace algunos años sobre la domesticación del zorro (no Diego de la Vega, sino el animal). Veamos: el zorro es un cánido, y se supone que los cánidos fueron -por mucho- los primeros animales en ser domesticados. Pero zorros y lobos, entre otros, siempre demostraron una aversión hacia los humanos que difícilmente les podría ser reprochada.

Mediante la cruza selectiva de los ejemplares menos ariscos, en poco tiempo lograron generar zorros con comportamiento tan amigable hacia los humanos como el de los perros. Ejemplares ariscos, criados por madres amigables, seguían siendo ariscos; lo cual demostraría que el factor de domesticación reside en el genoma y no en los hábitos adquiridos.

Extrapolando un poco, podríamos suponer que el mismo determinismo se aplica (en los humanos) a otros factores, como la sociabilidad, la honestidad, la seriedad o la responsabilidad.

Es de suponer que toda distribución estadística presenta particularidades. Así, los genes "serios" abundarían en alguna región y escasearían en otra. Cuando la selección natural falla, nada impide que le demos una ayudita: traigamos mujeres suecas, alemanas o japonesas y sentémonos a esperar (no estoy muy seguro de las japonesas, pero por las dudas...)

Bueno, para acelerar el proceso sería igualmente productivo exportar a nuestras mujeres (menos a mi mamá) hacia las regiones más privilegiadas geneticamente (y lo más lejanas posible).

A grandes males, grandes soluciones.

martes, 15 de marzo de 2011

Eu vou te dar alegría

Cuando uno trata con gente estúpida, inevitablemente termina teniendo discusiones estúpidas.

Cuando uno discute con estúpidos, no queda más remedio que bajar el nivel, porque el otro no puede subir el suyo.

Cuando uno se acostumbra a bajar de nivel para discutir con estúpidos, termina estupidizándose.

Cuando uno se estupidiza, empieza a aplicar razonamientos idiotas sin darse cuenta.

Pero si uno no es estúpido, al final se da cuenta y empieza a desandar el camino desandado (porque todos empezamos siendo más o menos estúpidos).

Y frente a la imposibilidad de desestupidizar al estúpido, uno termina optando por no discutir más.

Por eso los estúpidos siempre ganan.

Pero cuando gana un estúpido, todos pierden; porque el estúpido ni siquiera sabe lo que es mejor para él.

Por eso todos perdemos. 

Y no sólo perdemos, también vamos acumulando rencores; porque a nadie le gusta que le gane un estúpido; y nos vamos haciendo más sombríos, dudamos de nuestros valores...

Y al final nos morimos.

lunes, 14 de marzo de 2011

Yo no sueño con serpientes

Ayer soñé con el diablo, y mezclado, soñé con una batalla en la que casi me matan.

Yo casi nunca recuerdo lo que sueño.

Los detalles del sueño son bastante raros, y lo que más me llamó la atención es que, de alguna forma, teníamos al demonio como encerrado. Lo custodiábamos entre varias personas y él trataba de perdernos aprovechando nuestras debilidades.

Es raro que, para nuestra cultura, el demonio no tenga otras armas que la seducción y la mentira: el diablo no te mata, te engaña y te pierde. Sólo una vez que te perdiste, puede ejercer su poder sobre vos.

Algo debe significar todo esto, pero anoche dormí muy mal y tengo mucho trabajo. 

martes, 1 de marzo de 2011

Contestador

Hola, habla Daniel. En estos días estoy teniendo mucho trabajo, por lo que no puedo atenderte; pero si querés, podes dejar un mensaje después de la señal, y te llamaré en cuanto me sea posible. Muchas gracias.


lunes, 28 de febrero de 2011

Enojo nao tein fin...

Uno suele creer que alegría y tristeza son opuestos, pero muchas veces no es así. El opuesto natural de la alegría no es la tristeza, sino el enojo y la frustración. 

Me explico: cuando un bebé quiere la teta y se la dan, siente alegría. Cuando no la consigue, no siente tristeza sino enojo (a muchos adultos les pasa lo mismo). En  esa etapa de nuestra vida, tanto el origen de la alegría como el de la frustración están en el afuera.

Se supone que, con el tiempo y la experiencia, uno puede entender que la infelicidad no es necesariamente culpa del otro, y entonces puede permitirse la tristeza. La tristeza tiene la desventaja de tener que aprenderse, mientras que el enojo es innato.

Por supuesto, muchos de nosotros preferimos el enojo a la tristeza, porque el enojo nos permite echarle la culpa a alguien, nos quita responsabilidad y nos regala un responsable "de carne y hueso" contra quien dirigir nuestra frustración. Es necesaria la aceptación para dar lugar a la tristeza.

Esa satisfacción infantil tiene un costo: mientras el responsable de nuestra felicidad este afuera, nunca se nos va a ocurrir buscarlo dentro.

Es lo más común que el chico que da mal un examen se enoje con la profesora, que el empleado descontento se enoje con su jefe, que la esposa infeliz se enoje con su marido.

Por eso supongo que en el camino hacia la felicidad, el primer paso es aceptar la tristeza, lo cual no deja de sonar pelotudo. Pero yo qué se!


jueves, 24 de febrero de 2011

Qué te pasha, Clarín?

No lo vas a leer en ningún diario, pero hoy fue un día de m i e r d a !

miércoles, 23 de febrero de 2011

Veo, veo...

Un chico de ocho años se para frente a la estepa. El paisaje es desolador. No hay nada que resalte hasta donde alcanza la vista, sólo el viento que agita el pasto duro.
Su padre se para junto a él, como tantas otras veces, y le cuenta que ellos son como esa llanura, que son libres, que la pobreza de la tierra sólo resalta la magnificencia del cielo, que esa tierra guarda los huesos de sus ancestros, que el mismo viento que los azota ha recorrido el mundo mil veces y vuelve a susurrarles al oído las historias más increíbles; porque esas estepas son la cuna del viento. Le dice que ellos mismos son viento.

El paisaje, transformado por las palabras del padre, cobra un sentido que lo revaloriza.

La realidad depende más de nuestra interpretación que de cualquier rasgo concreto. Nosotros podemos regalarnos un mundo mejor, y regalárselo a nuestros hijos; modificando casi lo único que podemos modificar: nuestra mirada.

Yeah!

lunes, 21 de febrero de 2011

Va a estar bueno Buenos Aires...

Un tipo cruza la calle con el semáforo peatonal en rojo. Un automovilista, cuando lo ve, acelera (a más de 40, que es el límite de velocidad en calles) y al pasar por al lado (bien cerquita) le toca bocina varias veces.

El peatón le hace un gesto un tanto ofensivo y lo putea.
El conductor le devuelve el gesto y lo putea también.

Una señora mira la escena mientras su perro caga la vereda del vecino.

Los tres, durante unos minutos, se abandonan a reflexiones del estilo de "en este país hace falta educación", "en Estados Unidos/Europa esto no pasa" y "lo que hace falta es mano dura".



jueves, 17 de febrero de 2011

Me cago en los Etruscos

Es tipo es casi cincuentón. Estuvo casado, pero esa etapa de su vida le parece muy lejana. No tiene hijos. En su juventud se despertó en él una profunda pasión por la historia, que lo llevó a especializarse en el estudio de los Etruscos.
Buscando compartir esa pasión, la única verdadera de su vida, se hizo profesor de historia en la universidad. Luego de tantos aún sigue esperando a ese alumno apasionado que le recuerde a sí mismo, mientras ve pasar, año tras año, un número cada vez más reducido de jóvenes que parecen tomar su curso por obligación. 
A los treinta años terminó su libro. Pronto comprendió que el libro nunca sería publicado: a nadie le interesan los Etruscos.
Entre sus colegas, cada tanto alguno publica un libro, da conferencias o incluso toma parte en algún documental. Hace unos años se descubrió una tumba Maya y durante unos meses uno de los profesores de su departamento cobró cierta notoriedad e incluso apareció en televisión. Varias veces un par de profesores especializados en el antiguo Egipto colaboraron en artículos de revistas y fueron invitados a convenciones en el extranjero. Pero a nadie le interesaban los Etruscos.
Pocas cosas hay tan amargas en la vida como sentirse poseedor de un tesoro que nadie valora.


El tipo lleva una vida gris y hace años se ha resignado a aceptarlo.

Mientras sus colegas cenan con sus familias o preparan su próxima conferencia o un nuevo libro, el tipo va sólo al cine. En la cola, delante suyo, una mujer le llama la atención. Es alta, morena, con ojos casi negros y una mirada inteligente. Ella habla por teléfono con una amiga.
- Ya no tenía nada que hacer con el. Ningún hombre de menos de cuarenta años vale la pena...
Mientras habla, la mujer gira un segundo y sus miradas se cruzan. Ella le esboza una sonrisa casi imperceptible. El queda helado: es realmente hermosa.
Ella sigue hablando y su voz es profunda y serena. Tiene un libro bajo el brazo: Jane Austen.
- Si no podes llegar me vuelvo a casa. En la galería se va a presentar una muestra y tengo que armar el catálogo, el tema es que no puedo encontrar  nada que valga la pena...


Trabaja en una galería. Arte. El tipo la mira embelesado y cuando ella gira -hacia el otro lado- sus miradas no se cruzan, pero tiene una fugaz vista de su escote, al tiempo que su perfume lo golpea. Está perdido. El paraíso no puede ofrecer nada mejor que eso.
- Es sobre los Etruscos...
Al tipo se le paraliza el corazón y se le embotan los sentidos. El tiempo se detiene y siente claramente como las sienes le palpitan. Un frío profundo lo invade, se petrifica. De repente, el tiempo se descongela, pero ahora corre vertiginoso. Su mente, a la velocidad del rayo, traza el plan: "no pude evitar escuchar su referencia a los Etruscos, y por eso -espero que no lo tome a mal- me permito comentarle que soy un estudioso del tema y me agradaría mucho ayudarla en lo que necesite". Irían a tomar un café (a pocos metros había un café encantador), charlarían, quedarían en volver a encontrarse (tenían la excusa perfecta). Se mostraría humilde pero ella pronto entendería la dimensión de sus conocimientos y su sensibilidad.
No había tiempo que perder. En cuanto ella se despidiera de su amiga, el la abordaría...

Pero ella, sin interrumpir la comunicación, sale de la fila y con un gesto exquisito llama a un taxi. Los pies de él están adheridos al piso de tal forma que, si lograra levantar al menos uno, arrancaría un pedazo de suelo.

Con una gracia que no debería ser de este mundo, la mujer entra al auto y desaparece.

El tipo siente cómo la mano del destino se afirma sobre su pecho, lo eleva, y lo aplasta contra la tierra con toda la violencia de la creación. No hay pecado que se castigue con más fiereza que el de espiar el paraíso.

Sobrepasado, por primera vez en su vida se olvida de disimular y queda parado, en la mitad de la vereda, erigido en la imagen misma de la desolación.

Fin.


miércoles, 16 de febrero de 2011

De qué te reís?

Bergson, en un libro de lo más interesante, aborda el análisis de una materia largamente ignorada por la filosofía: la risa.

Exclusivamente humana e inspirada por lo humano, supeditada a cierta "anestesia" emocional, inscripta en nuestra naturaleza y referida siempre a un otro -aunque eso otro sea virtual- y accionando como un medio de presión y corrección social; la risa tiene la complejidad de todo lo que solemos definir como "natural".

Reir es siempre reir de algo o de alguien; y es siempre reir junto con alguien (insisto, aunque ese alguien sea tácito no es menos necesario). 

Entiendo que la risa como concepto es claramente distinto de la alegría y de la felicidad, aunque suelen confundirse. Así, una persona que ríe mucho puede no ser feliz e incluso ni siquiera estar alegre.

“La risa es ante todo una corrección. Hecha para humillar, ha de producir una impresión penosa en la persona sobre quien actúa. La sociedad se venga por su medio de las libertades que con ella se han tomado. No llenaría sus fines la risa si llevase el sello de la simpatía y de la bondad."

Ojo, lo dijo el, no yo.



lunes, 14 de febrero de 2011

Daniel 2.0 - El Regreso

Según el documental que vi anoche, es un proverbio Catalán.
Yo tengo mis dudas, pero igual, ahí va:

Come bien,
caga fuerte,
y no le temas
a la muerte.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Comunicado de la Gerencia

Diversos factores me mantienen alejado de la vida blogueril, y la situacion continuara durante los proximos dias. No desesperen. En breve volvere.

Mientras tanto me pregunto: soy yo, o Maradona se parece cada dia mas a Horacio Guarani?